Sociedad

Claudio María Domínguez místico: «el ego de Odol Pregunta era el de un gran impostor»

Sin dejar de reconocer la protección de Jorge "Cacho" Fontana, el pibe prodigio Claudio María Domínguez, dijo que después de conocer a Sai Baba, a los 30 años, descubrió haber estado "atrapado en un ego impostor", alejado de "la chispa divina".

Claudio María Domínguez contó que su vida se divide en dos etapas. La primera, empezó alrededor de los 9 años, cuando compitió – y ganó contestando correctamente – en Odol Pregunta, el programa de quien luego fue su mentor profesional, “Cacho” Fontana -, que lo hizo transitar pot el munfo “atrapado por un ego” con ansias de figurar y tener dinero. La segunda, pasados los 30, cuando se topó en la India, donde fue para hacer una entrevista, con el gurú Sai Baba, quién le hizo notar que su “ego era un gran impostor” que no le permitía “ver el instante” y descubrir una “energía invisible, invencible e infinita”.

Maestro, ¿usted es Dios?, lanzó y Sai Baba, que lo tuvo en “penitencia” varios días sin hablarle, le dijo algo así como: -Yo soy Dios y vos también, pero yo lo sé y vos no, replicó el santo, cuyo cuerpo dejó la tierra en 2011.

Y según narró Domínguez, en una charla de la Organización Sri Sathya Sai Baba de Argentina, en el teatro cultural De la Torre, de Pinamar, no tuvo capacidad para contestar y terminó aceptando que su ego estaba “debilitado, echo cenizas”, y que debía dejar “el zapping en el  televisor” para concentrarse “en su zapping interior».

En un encuentro libre y gratuito, en el que se cantaron temas invocando la paz, el amor, las acciones correctas, la verdad y la no violencia, el psicólogo Leonardo Gutter, también relató que Sai Baba quebró su escepticismo. Dio ejemplos de milagros, aceptó la reencarnación e insistió que la vida “es un juego de Dios que va evolucionando – mineral, vegetal, animal, humano -, y no tiene ni nacimiento ni muerte”.

En Pinamar: Salto cuántico, no mesiánico, hacia un ser superior

Práctico, Gutter derivó a la búsqueda de “la chispa divina”, esa que hace “despertar la vibración espiritual y un estado de conciencia pleno”. Sugirió a sus oyentes, la mayoría público femenino: no criticar ni juzgar a nadie; no enojarse porque sucederá lo que tenga que suceder; aceptar que lo que se termina, se terminó; sonreír para transmitir energía y acabar con los chismes que dañan a los otros y a ustedes mismos.

Gutter y Domínguez explicaron que las enseñanzas de Sai Baba no son parte de una religión, sino sentimientos y acciones coherentes que no se dan por casualidad. “Cabeza, corazón y manos en armonía”, sintetizó la esposa de Claudio.

“Me sentí como un loco frente a Sai Baba…y me quedé prendado ante la fuerza de su luz ecuménica para dar un salto cuántico, intelectual, no mesiánico y ser un difusor – señaló -, de la consigna: ayúdate que te ayudaré”.

Según Claudio Domínguez, después de ser golpeado fuerte en su tercer ojo por el gurú, sintió que era tiempo de “despertar” y conectarse con un ser superior. Rechazó que se lo considere como parte de “una secta peligrosa”. Por el contrario, indicó que apartó el odio y el rencor, pregonó una perfección cósmica y sentenció que el karma de cada uno “es inexorable”.

En el aquí y ahora, aseguró que su “ego viejo quedó limitante” y que no hay mejor cosa que conocerse internamente, sin dañar a los demás. “Hay que ser una buena persona, no jodido. Reconocer nuestra ignorancia y el fuego de la voluntad”.

Otro de los disertantes, tras revelar que pasa seis meses en la India, hasta que lo permite su visado, regresa a Buenos Aires para «mortificarse con el dolor y la pobreza…así la Argentina no sale”, expresó. Nada dijo, empero, de lo que sucede en la Nación del Sai Baba, donde se observan castas, desigualdades extremas y el sometimiento de millones de personas.

Por algo, Claudio le dijo apenas audible a un periodista de El Diario del Mar, de la Costa Atlántia: «El ego en la Argentina es un horror, como en el resto del mundo».

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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