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Argentina no es Venezuela

Como si las penurias y urgencias nacionales fueran pocas, no faltan “los vivos” que agitan fantasmas donde no los hay. Uno de ellos, establecer un parangón  malicioso entre la Argentina y Venezuela.


 

Por supuesto, no es irrelevante la existencia de más de 30 por ciento de pobres en un país como el nuestro, con riquezas naturales al alcance de la mano y amplias y ubérrimas extensiones territoriales con climas de los más variados.

A muchos les gusta modelar con lo contra fáctico… esto es, ¿Qué hubiera pasado si….? Los sectores más acomodados, de clase media para arriba, azuzaron (aún hoy lo hacen exhibiendo las dificultades registradas en la Santa Cruz gobernada por Alicia Kirchner), con que la Argentina marchaba a convertirse en Venezuela, si no caía derrotado el Frente para la Victoria y accedía al poder una administración no peronista, republicana y demócrata, practicante de un populismo no tan extremo.

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El mismo presidente Mauricio Macri, tal como queda registrado en un libro de reciente aparición de Laura Di Marco, alimentó la idea a la que adhiere, más allá de los desaciertos de Nicolás Maduro, el peligroso presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ansioso por demostrar la primacía blanca y bélica del imperio.

En el capítulo titulado “un estratega silencioso”, Di Marco refiere que Macri alude a Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, uno de sus operadores judiciales, como “una mente brillante”, que evitó que “la Argentina fuera a la chavización”, cuando impidió que se aplicara la ley de medios audiovisuales a corporaciones de comunicación “independientes”.

Ignorando, sin ignorar, que hoy Macri le da continuidad a la relación iniciada con China por su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner, sorprende el símil que se pretende plantear entre el modelo argentino de acumulación entre 2003 y 2015 y el régimen venezolano, hoy visiblemente desabastecido y jaqueado.

En contra de los que dicen periodistas, empresarios y economistas liberales y ortodoxos, el diario LA NACIÓN, entrevistó el domingo pasado a Armando Losón, presidente del grupo Albanesi, que apuesta al rubro energético e hizo negocios con Venezuela en la época de Hugo Chávez. Señaló que esos contratos terminaron bien, aunque no fueron renovados.


Se decía que la Argentina podía terminar como Venezuela, ¿Es así?


 

“No, de ninguna manera. Hemos estado 5 años en Venezuela y es otra cosa. La Argentina está en otras condiciones. Tenemos un potencial increíble, una sociedad que acepta los mandatos, a pesar de los sobresaltos de un gobierno, y un campo que hay que recorrerlo para ver lo que es y lo que se trata… terminar como Venezuela es imposible. Tengamos el gobierno que tengamos“, decía el entrevistado.

Losón hizo un repaso de las variantes económicas a lo largo de las décadas (mencionó a José Martínez de Hoz, el ministro de la dictadura de Jorge Videla, y Juan Vital Sourrouille, gestor en una de las etapas del radical Raúl Alfonsín), y dijo que lo que más le preocupa hoy “es la deuda social” y “la falta de confianza de los inversores”.

Más que buscar comparaciones con Venezuela donde no las hay, mejor sería que el gobierno se preocupara por afianzar la coalición gobernante de “Cambiemos”. Aquí conviven con dificultades un PRO atado a Macri y, en menor medida a María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta; una CC que respira a través de “Lilita” Carrió y un radicalismo que, según uno de sus dirigentes, pasó “de ser una especie en extinción, a una especie protegida”.

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Al mismo tiempo, habría que procurar que la oposición se esmerara por juntar los fragmentos dispersos, fundamentalmente del peronismo, sin jefatura definida a partir de la derrota sufrida en 2015 y con una ex presidente, Cristina Fernández, que aún juega al misterio.

En la amplia franja del medio, más que Sergio Massa (y su aliada circunstancial, Margarita Stolbizer), están los seguidores (a veces silenciosos, otras ruidosos) del Papa Francisco, quien desde Roma, se preocupa por ordenar y pacificar la protesta de los más rezagados. Lo hace a través del auxilio a las organizaciones barriales y villeras sociales y la simpatía – cada vez más manifiesta –  a “Mariú”, la gobernadora del distrito que aglutina a casi el 40 por ciento de la población.

 


Leer más: “Quiero detener la grieta”

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