Cultura Literatura Mundo

Cuando América Latina le enseñó al mundo cómo contar historias

El Realismo Mágico no fue solo un movimiento literario. Fue también una forma de comprender la vida, un lente que captaba los hechos y los reinterpretaba como nunca antes se había hecho.

El Realismo Mágico no fue solo un movimiento literario. Fue también una forma de comprender la vida, un lente que captaba los hechos y los reinterpretaba como nunca antes se había hecho. Parte del éxito de nuestra literatura en los años 60, suceso conocido como “Boom Latinoamericano”, derivó de esta forma única de contar historias. Millones de lectores de todo el mundo quedaron cautivados por la calidez caribeña de los paisajes y personajes descritos y se encontraron atónitos ante los milagrosos eventos sobrenaturales que se mostraban como si fueran cotidianos. 

Cien años de soledad fue la obra que ayudó al Realismo Mágico a ser un fenómeno de masas que puso los ojos de todo el mundo sobre América. Gracias a la historia de las siete generaciones de la familia Buendía, Gabriel García Márquez ganó un lugar dentro del canon de la literatura universal.

Pero Cien años no fue la primera obra que se acomoda a los parámetros de este movimiento literario. Podría decirse que, junto con otras novelas de magnánima envergadura como Pedro Páramo, de Juan Rulfo, conformaron el período medio y el auge del Realismo Mágico. 

Anteriormente, estas novelas más representativas fueron precedidas por las obras de escritores como el cubano Alejo Carpentier, el guatemalteco, y ganador del Premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias y el argentino Manuel Mujica Lainez. Si bien no llevaron al género hasta los confines de la creatividad, plantaron las bases que inspiraron a los escritores del Boom Latinoamericano. 

Actualmente, este movimiento ha influenciado a muchos escritores alrededor de todo el mundo. A partir de novelas revolucionarias como Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez , y otras como Aura, de Carlos Fuentes, que forman parte del período final del Realismo Mágico se complejizó cada vez más la forma en que las historias son contadas. 

El Realismo Mágico derivó en un neo-realismo, como fue el caso de Italo Calvino, Vasco Pratolini y Mario Vargas Llosa, entre otros. Y derivó también en una literatura fantástico-distópica como es el caso de algunos escritores asiáticos, entre los que se podría mencionar al japonés Haruki Murakami, al chino Mo Yan, ganador del Premio Nobel de Literatura, junto con varios otros más. 

Haruki, ídolo de jóvenes occidentales

Las posibilidades que abrió a la imaginación esta indistinción entre realidad y magia permitió que historias nunca antes pensadas pudieran ser contadas. Esto enriqueció notablemente a la literatura a escala global y le mostró a los escritores que los límites son difusos y las fronteras impuestas por el gusto clásico pueden ser sobrepasadas.

Sin embargo, también podría considerarse que es un arma de doble filo ya que al llegar tan lejos, parecería haber sido dicho todo lo que se puede decir. Es una tarea ardua la que tienen los escritores del futuro por delante. Las nuevas obras no deberían remitirse a lo que ya está dicho (que es casi todo), sino que deberían buscar la creatividad en lo poco que resta por descubrir con las herramientas de las que se dispone actualmente. 

0 comments on “Cuando América Latina le enseñó al mundo cómo contar historias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s