Reflexión

La nueva humanidad

¿Podría existir un mundo sin violencia? Donde se hace la guerra, luego se hace la paz, y donde se hace la paz, una renovada guerra es inminente. ¿Hasta cuánto somos capaces de lastimar?

En los tiempos que corren, lo usual es el divorcio frente a la unión (terrenal) eterna, los proyectos individuales antes que los proyectos colectivos, la sobrevivencia por sobre la colaboración y la solidaridad. ¿Qué es lo que causa que seamos tan arrogantes con la vida y tan poco atentos a los sentimientos de los otros?

Quizá sea la falta de amor y la sobreabundancia de la violencia. Seamos quien seamos, va a haber algo dentro nuestro proclive a los gritos, los insultos, y las malas caras con tal de defender nuestros intereses u opiniones. Recordemos que empezamos (y seguimos) matando animales para sobrevivir.

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La paz

A veces soñamos con un momento distinto al que vivimos. A veces podemos sentir que estamos sumergidos en una rutina constante y sin frenos. Pero muchas otras veces, el sentimiento de alivio que genera un bienestar consigo mismo nos hace sentir esa famosa “paz interior”…

Somos violentos porque somos humanos. Pero también podemos ser de otra manera. La paz nos acompaña, porque el mundo no es un caos, así como tampoco es orden. El mundo es lo que elegimos ser y hacer. Estas dos actividades van variando a lo largo de las horas, días, años y milenios. Es decir que la Tierra y esta especie inteligente que la habita, dependen del ánimo existente en cada momento, donde se decide hacer la paz o hacer la guerra.

Generalmente vivimos en períodos de paz, solo que cuando la guerra aparece, se hace notar, y muy fuertemente. Sin embargo, hay quienes podrían declarar lo contrario. Vivimos bajo constante fuego que va y viene, zafando del dolor y disfrutando los períodos de tregua que dan descanso a los eternos combatientes.

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¿Somos los y las humanas combatientes? En la historia se repiten los discursos y las palabras bonitas, así como la sangre que cae al suelo antes de tiempo. Ya hemos madurado, y somos responsables de nuestros actos. Sin dudas, influirá el hecho de haber sufrido violencia (o no) en el pasado. También es nuestra tarea no atacar a aquellos y aquellas que no pueden defenderse. Aquello no sería una batalla justa. En cambio, no dejaría de ser una pelea humana, donde el afortunado superior aplasta al momentáneamente inferior.

La violencia está en nuestra historia. ¿Cómo desterrarla? Alguien podría decir que con más violencia. Otros nombrarían a Mahatma Gandhi, quien movilizó a una multitud y ganó la independencia con el arma de la paz. Sí, la paz no deja de ser un otro método de conquista. Es un tipo de arma invisible que oculta su filo, pero que termina causando heridas profundas en el perdedor. Porque la paz logra un nuevo status quo, donde pronto germinará una nueva violencia que se alzará con todas sus fuerzas. Porque si las cosas fueran justas para todos, ni la paz, ni la guerra, tendrían sentido. Dejaríamos de ser violentos, y por ende, de ser humanos, al menos, el tipo de humanos que conocemos hasta ahora. Quién sabe si en el futuro se verá una nueva humanidad, donde la violencia y la injusticia se conviertan en un vago recuerdo de lo que somos capaces de hacer.

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

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