Cuento Literatura

Atando cordones

Un nuevo episodio en el trabajo de Ramírez deja ver los impactantes sucesos que pueden ocurrir en una oficina de abogados.

Por Ramírez

-¡Jefecito, jefecito! Tiene los cordones de una zapatilla desatados.

Al principio ni me quise gastar en darme la vuelta para ver la escena. Por la voz, sabía que se trataba de Charlie dirigiéndose a su jefe más inmediato en la larga cadena de mando. Él está en la parte de asuntos financieros. No se por qué se corre el rumor de que yo soy el Charlie del sector de demandas civiles.

Aquella acusación está totalmente infundada. Lejos de ser un chupamedias, yo venero a mi superior, diría incluso en una dimensión artística. No hay nadie como mi jefe. Y por supuesto, no hay mejor empleado que yo.

Volviendo a la anécdota de la última semana en uno de los pasillos del bufete, la situación fue más que humillante. Cuando Charlie le dijo lo de los cordones a Remo, el jefe de su área, este no dudó en proceder cruelmente.

-¿Ah, sí? -le dijo con una mirada que era mitad inquisidora mitad Hannibal Lecter sonriendo.

-¡Sí! Son los de la zapatilla izquierda, ¡como no podía ser de otra forma! Siempre descarriados… -contestó Charlie, queriendo hacer migas con el pasado mussolinista de Remo. Solo por ese comentario reconozco en mi colega una similitud conmigo, que son los comentarios profundamente desubicados en los momentos más inoportunos.

-Descarriado vas a quedar vos si no sabés hacer de mesa -dijo Remo con seriedad.

Charlie se quedó pensando. Pensó, pensó y pensó, hasta que finalmente entendió. Se puso en cuatro patas y colocó su espalda bien recta, para que su jefe pudiera apoyarse en ella.

Inmediatamente Remo posó sin violencia alguna su pie izquierdo en la espalda de Charlie y comenzó lentamente a atarse sus cordones. Mientras tanto, una sonrisa se dibujaba en la cara del subordinado.

Unos colegas del estudio jurídico se pusieron a observar desde lejos. Eran Luis Bueno, Max Power y Héctor.

-Pobre tipo… y encima sonríe -comentó Héctor.

-Es lo que corresponde como buen empleado -indicó Max.

-Hay rubros en los que la cosa se pone peor. Y es más descarnado, porque proviene de los propios pares. Escuché que algunos periodistas, por ejemplo, tienen mini orgasmos cuando ven caer en desgracia a uno de sus compañeros.

Mi jefe, Rómulo, jamás me habría hecho algo así.

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