Filosofía

Amor y odio, dos caras de la misma humanidad

Amor en sueños. Amor en pensamientos. Amor en los otros. ¿Cuánto amor podemos almacenar? ¿Se puede almacenar? ¿Cómo se expresa?

Amor en sueños. Amor en pensamientos. Amor en los otros. ¿Cuánto amor podemos almacenar? ¿Se puede? ¿Cómo se expresa? ¿En declaraciones, acciones, sensaciones? Mucho pasa y nada queda en el amor, porque pareciera ser un juguete sin rostro que toma vida a partir de lo que imaginamos, soñamos y elaboramos. El amor, otro invento humano.

¿Podemos elegir no amar? Qué pregunta. Hay quienes, decepcionados del pasado, vuelcan sus energías a lo productivo. Pero nada que produzca amor, sino cosas materiales esenciales para nuestra existencia.

Otros lo persiguen. Quizá sin errores o malas experiencias, tienen encendida la ilusión de todo lo que trae este descubrimiento. Sí, el amor es descubrir. Vemos no solo un mundo distinto, sino que también re-configuramos nuestro ser a raíz de lo nuevo, lo que en un principio parece fantástico.

Algunos más pensarán ya haberlo encontrado. Felices del momento presente, disfrutan la alegría y la energía que otorga esta sensación, la cual puede surgir de cualquier sujeto/objeto. Para sentir el amor pareciera hacer falta nada más que la humanidad que llevamos dentro. Y esto nos remite nuevamente a preguntarnos: ¿se puede no sentir el amor por nadie ni nada?

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En caso afirmativo, y por consecuencia de las ideas trazadas anteriormente, estaríamos hablando de un individuo inhumano. ¿Existe tal cosa?

En nuestra vida cotidiana vemos a más de una persona, la cual parece no sentir nada: el o la (y lamento si la expresión molesta a algunos) cara de culo que vemos en el subte o el colectivo, y los vendedores/as que, con cara similar a los primeros, no hacen del servicio algo agradable, son algunos casos.

Sin embargo, esos individuos podrían (y seguramente lo hagan) conseguir el amor en otro lugar. Si no es el trabajo, puede ser la familia. Si no es la familia, pueden ser los amigos. Vemos tantas formas y lugares donde encontrar amor que resulta imposible enumerarlos todos.

El punto, quizá, de todo esto, es que encontrándonos en circunstancias determinadas con ciertos humanus, el amor puede aparecer. ¿Pero por qué idealizamos tanto y le otorgamos tanta importancia? Es que desde el amor se puede controlar. Y también podemos ser controlados.

No es que queramos amar para tener el control sobre el otro… ¿o sí? Pensando un poco, ¿por qué usamos frases como “te quiero”? O definiciones como “mi” novio, novia. O el amor de una maestra por sus alumnos, son “sus” alumnos. Claramente hay una cuestión de control, porque es la forma en la que nos organizamos como sociedad. Si no nos controláramos entre nosotros, ¿cómo funcionaríamos?

El amor, repito, por cualquier cosa o persona sin tener en cuenta solamente el típico caso como es el de un noviazgo, genera satisfacción, alivio, felicidad, y también desilusión, tristeza y muchas veces, en su etapa terminal, por más contradictorio que suene, odio. También puede haber odio en paralelo a un sentir de amor. Si yo amo a X voy a odiar a quienes quieran hacerle daño o sean enemigos de X. Esta es una lógica que no tiene por qué ser obligatoria, pero es ocurrente a lo largo de todo el planeta.

Esto nos lleva a la confrontación. No es que odiemos a alguien por el simple hecho de ir contra nuestras ideas, sino que esto aparece con el peligro, la infamia y los ataques ya sean físicos o emocionales. Así, organizamos nuestras defensas y atacamos lo considerado. ¿Es que no es de esta forma como funcionan también los animales en su naturaleza?

Sin incluir juicios de valor, ya que en esta nota no se está buscando dar por “bueno” o “malo” al amor o al odio, sino hacer un análisis consciente sobre su efecto en la humanidad, vemos estos dos factores constantemente. En la vida social van cambiando las emociones, los sucesos y por consecuencia las reacciones.

¿Quién creó al amor? ¿Se lo usa políticamente? ¿Y al odio? Sin dudas, las guerras, las relaciones diarias y los intereses diversos que a veces chocan pueden dar algunas respuestas. ¿No está justamente allí el tema en cuestión? Hay tantas cosas por las que amar -y odiar- que vivimos y convivimos con gente que ama distinto a lo que nosotros amamos. Confrontación nuevamente.

¿La vida no sería distinta si todos amaramos lo mismo, compartiendo y subordinándonos a un control único? ¿Es que no son acaso la idea de Dios y las Naciones algunos de los intentos más fuertes que vivió la humanidad con respecto a esta aspiración, por supuesto de quienes buscan el control?

En la vida real, los amores no son tan distantes. Necesitan ser cercanos. Acercándonos al otro, podremos escuchar su idea de la vida. ¿Hace falta un amor único, o más bien, aprender a amar al otro y dejar de lado la violencia? Un camino largo por recorrer, quizá aprendiendo del amor, y por ende, de la humanidad.

Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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