Reflexión

Yo sí creo en la política

Las distintas etapas que transitamos como personas que confían en otras personas, puede hacer que terminemos decepcionados. ¿Qué tal si existe un término medio?

“Yo sí creo en las hadas”, grita una horda de niños y niñas en una escena de la película Peter Pan. Lo hacen para revivir a un hada que fallecía frente a uno de los peores agravios que se le puede hacer a un espécimen fantástico como éste: decirle que “no existen”.

Con la política ocurre algo similar. Mientras muchos y muchas se empeñan en desprestigiarla, otros se concientizan acerca del impacto que conlleva aquello. Para empezar, al tratar a “la política” como algo abstracto, con definiciones como “son todos iguales”, “pura corrupción”, o “no se salva nadie”, nos quitamos poder como actores políticos. Porque sí, somos actores políticos.

Leer más:

Para quienes vivimos en países democráticos, hay una palabra que importa mucho: ciudadanía. Esta es nuestra carta de derechos, nuestra fuerza para decir “la política la hacemos todos”. Porque sin votos no hay elecciones. Y actualmente, la mayoría de las personas sigue votando. ¿Pero acaso todo termina allí, en las urnas?

Ser ciudadano, o ciudadana, también implica exigir transparencia en los organismos del Estado, informarse, opinar, debatir, reclamar. Nos convertimos en actores políticos al momento de participar en una marcha, o cuando discutimos con un amigo o familiar acerca de “la yegua” o “del gato” (para quienes no son de Argentina: cuando discutimos sobre los que nos gobernaron o gobiernan).

El problema pareciera estar en ver la política como algo que se puede poseer. De esta manera, pensamos que el o la Presidenta de turno es dueño de nuestro futuro, y si nos va mal, entonces la culpa es de “la política”. Pues no. Un Jefe de Estado es un actor político, con más influencia que nosotros, por supuesto, pero al que no se le puede adjudicar la titularidad de esta actividad. Sí se le pueden adjudicar otras cosas, seguramente sus errores y aciertos.

Leer más:

¿Somos libres?

Pensar y ejecutar pueden ser cosas que llevamos a cabo de distintas maneras. Cada humano y humana tiene hoy su libertad de poder decir y hacer.

Estamos hablando de una actividad social. Del bien común. Porque cuando los candidatos dicen aquellas palabras que suenan tan bien, seguramente estén repitiendo lo que decía Platón o Aristóteles. Porque la política existe desde que se crearon las primeras tribus y polis. Y para cambiar el curso de la historia, hay que involucrarse.

El filósofo español Fernando Savater, en su libro “Ética para Amador”, da una respuesta al por qué de la mala fama de estos hombres y mujeres: “Ocupan lugares especialmente visibles en la sociedad y también privilegiados. Sus defectos son más públicos que los de las restantes personas; además, tienen más ocasiones de incurrir en pequeños o grandes abusos que la mayoría de los ciudadanos de a pie. El hecho de ser conocidos, envidiados e incluso temidos tampoco contribuye a que sean tratados con ecuanimidad”.

El autor se explaya más: “Lo más probable es que los políticos se nos parezcan mucho a quienes les votamos, quizá incluso demasiado; si fuesen muy distintos a nosotros, mucho peores o exageradamente mejores que el resto, seguro que no les elegiríamos para representarnos. Sólo los gobernantes que no llegan al poder por medio de elecciones generales (como los dictadores, los líderes religiosos o lo reyes) basan su prestigio en que se les tenga por diferentes al común”.

Leer más:

La eterna comedia

Vivimos con construcciones. Ya no de cemento, sino que de ideas. Grandes e imponentes edificios de ideología se hacen ver frente a nosotros, mentes susceptibles a todo estímulo del entorno.

Luego, el escritor sentencia que “si confiásemos menos en ellos desde el principio, no tendríamos que aprender a desconfiar tanto de ellos más tarde”.

Dicho todo esto, no le demos lugar a la hipocresía. Yo mismo, al desenamorarme, he tenido mis desbordes con “la política”, y he repetido los mismos ataques a la clase política que hace alguien que se dice “apolítico”. Quien dice ser “apolítico” se está pisoteando sin darse cuenta. Claro está que lo que quiere decir es que “no pertenece a ningún partido”, pero lo que tendría que decir es eso, no que “no cree en la política”.

Si seguimos los pasos de la antipolítica, sucederá lo mismo que en la película de Peter Pan: cuando digamos que “no existen los buenos políticos”, significará que ya nadie está preocupado por el bien común, y mucho menos, por el mantenimiento de una sociedad viable, donde todos y todas podamos vivir sin matarnos los unos a los otros.

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

0 comments on “Yo sí creo en la política

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s