Reflexión

El fin de las redes sociales

El poder de Facebook, Twitter e Instagram. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿A dónde nos llevará la "virtualización" de la humanidad?

¿Qué ocurre cuando algo que tenía cierta función, se desvía y olvida el fin por el cual fue creado? ¿Seguimos socializando en las plataformas del Internet, o acaso ya dimos por cerrada esa etapa, dándole prioridad a nuestro egoísmo y a lo que nos venden? ¿Se han vuelto las redes sociales en redes antisociales?

Todo lo que publicamos consciente o inconscientemente en Internet, es para que sea visto. Tengo la leve suposición de que la mayoría de las veces lo hacemos inconscientemente.

Las plataformas digitales son más que sitios de encuentro.

El tipo de público al que llegamos es un factor importante. En un principio, Facebook sirvió para conectarnos con nuestros seres queridos. Aquellos que se reencontraron con viejos amigos o amigas de la escuela o del barrio le tendrán mucho que agradecer a Mark Zuckerberg. Pero en los tiempos de hoy, las plataformas digitales son más que sitios de encuentro.

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Almacenan nuestros datos, es decir, nuestras opiniones, gustos e intereses. Esto le otorga un gran poder a los dueños de estas empresas. ¿A cambio de qué les damos ese poder? ¿Una vía de comunicación? Si queremos hablar con alguien, levantamos el teléfono y llamamos a la persona en cuestión. Si queremos saber sobre la vida de tal o cual familiar, no hace falta más que preguntarle a la persona correcta. Si queremos charlar, tenemos los servicios digitales de mensajería.

¿Para qué vamos a tener un perfil en una plataforma de la que ni siquiera nos molestamos en leer sus “términos y condiciones”? Cuando uno va a firmar algo, se supone que es cosciente de cada cláusula del contrato. Las redes sociales son parte de un juego de intereses, donde grandes compañías ganan dinero e influencia con la información que nosotros proveemos.

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¿Alguna vez buscaron el Twitter del Presidente ruso, Vladimir Putin? ¿O el perfil en instagram de su par chino, Xi Jinping? Lo único que van a encontrar son cuentas falsas. Las embajadas y ciertos organismos gubernamentales tienen sus cuentas oficiales, pero no así sus líderes. Pareciera ser que la hegemonía que estas redes tienen en Occidente, no es tal en Oriente. Remarco esto para ir quitándole el velo al entramado del que somos parte. Un entramado que se muestra objetivo, pasivo y universal, pero que no deja de responder a cierta parte del mundo.

Además del factor político y económico, tenemos dos factores más: el psicológico y el humano. El primero refiere a toda la propaganda que consumimos: noticias, “noticias” (falsas), estilos de vida que son parte de lo supuestamente deseado, y la constante comparación con lo que el otro hace o dice. Esto nos muestra algo característico de nuestra condición humana: el egoísmo. La centralidad en el “yo”.

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Redes Sociales: Arma de doble filo para los adolescentes

Desde adultos a jóvenes, casi todos empezamos creándonos una cuenta en Facebook. Por si no te diste cuenta, ésta es la red social más grande gracias a sus casi 2.000 millones de usuarios, es decir, pensando que hay una cuenta por persona, cosa que no ocurre, más del 25% de la población mundial tiene un Facebook.

Las redes sociales -es decir, sus dueños multimillonarios y los acumuladores de datos- se alimentan de la necesidad de las personas a ser oídas o vistas. Instagram es uno de los últimos pasos más importantes que ha dado el capitalismo. La publicación obligatoria de fotos o vídeos (nada de texto, aquello ya es historia) hace que nos centremos en lo superficial y en lo que podemos manipular visualmente. A raíz de cierta imagen, proyectaremos en los demás ciertas cosas que queremos que piensen que tenemos o que hacemos, lo que nos hace sentir más acompañados. Porque al mostrarnos de esta manera al mundo, le mostramos, entre otras cosas, nuestra soledad.

¿Qué hago leyendo y opinando sobre un tweet de un boludo que nunca vi en mi vida? ¿Por qué en vez de eso no llamo a alguno de mis familiares para charlar un poco? ¿Qué hago sacándome fotos, haciéndome el lindo? ¿Para qué? ¿Para que “el mundo” esté constantemente actualizado acerca de cómo soy, qué hago y qué pienso? Seguramente, para sentirme acompañado, aunque sea por unos pocos minutos.

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Los adolescentes y las redes sociales

A fines del año 2016, la mayoría de los adolescentes, por no decir todos, tienen una cuenta en Facebook, Twitter, Youtube o Instagram. El uso de estos medios para la promoción personal, les permite comunicarse con conocidos, compartir contenidos y aparecer en una pequeña parte de este mundo virtual.

Las generaciones que vienen van a estar muy definidas por lo virtual. El objetivo será ayudarlos a entender que la vida real es otra cosa. Que la vida real es estar con quienes tenemos al lado, que también es lo que nos rodea, y no lo que nos quiere vender el sistema a kilómetros de distancia, con imágenes que pueden causar en nosotros algo parecido a un efecto hipnótico.

Excepto que uno, una, sea una figura pública con un mensaje único y verdadero para comunicar al mundo, no le veo el sentido de exponer nuestra vida privada tan gratuitamente. Si queremos contar lo que nos pasa, tenemos muchas otras herramientas de comunicación para poder socializar. Socializar… el supuesto objetivo de las actuales redes sociales. Pareciera ser que la informática y el egoísmo han evolucionado tanto que nos olvidamos de los propios principios por los cuales se fundaron estas plataformas.

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